Cómo os va, queridos (im)pacientes... aunque ni siquiera estén, ¿no?
En este oportunidad vamos a exponer la primer vacuna del Plan, quizás la más sencilla (y menos dolorosa) En esta primera oportunidad buscaremos combatir una de los más asquerosas patologías sociales, sustentada en lo insustentable: la discriminación.
En primer lugar, vamos a decir que el simple término discriminar no implica más que diferenciar una cosa de otra, pero el problema se hace presente cuando esa diferenciación se contamina con cargas valorativas fundadas en prejuicios y preconceptos. A partir de allí, circula en el sentido común del porteño, católico y blanco la idea sobre el "peligro" del otro. El peligro que representa el "cabecita negra", el "campesino bruto", el"negro de mente, villero", el "bolita", el "paragua", el "puto", el "trava", etc, etc (sin menociar los prejuicios religiosos contra los judíos, evangelistas, etc; y contra los discapacitados); para la "comunidad homogénea" que somos.
Señores, NO HAY fundamento concreto alguno en estas afirmaciones. No hay fundamento en el resentimiento xenófobo sobre el inmigrante (obviamente de un país limítrofe, no hablamos de gente europea), quien supuestamente lleva en su interior (como si se tratase de una cuestión biológica) gérmenes del delito en su sangre. El simple hecho de que una persona se traslade (lamentablemente) a otro país en búsqueda de mejores condiciones de vida, no significa que sea malintencionado ni mucho menos (es que quizás nadie vea que ese es el mismo destino del argentino "sudaca" en Europa)
No hay fundamento en el resentimiento contra las clases más bajas, pues nadie entiende el origen social (y no divino) de la propiedad privada y de la brecha que ésta supone entre los seres humanos, víctimas de un sistema mundial concebido incuestionablemente perfecto y eterno, independientemente de las aptitudes de cada uno ¿Acaso alguien conoce el "color" de su mente: rojo, amarillo, azul... cuál? (obviemente negro no, eso es malo, malo!) ¡Imbéciles! ¿Cuál es el derecho (supuestamente, divino) que tiene una persona que gasta en estupideces superfluas, mientras a su costado un niño revuelve la basura para encontrar el desayuno de quién sabe cuántos días, para poner precio a las vidas y decidir deliberadamente quién merece vivir y quién no? ¿Acaso la bondad y la maldad de las personas está determinada por el lugar en donde nació o las condiciones socio-económicas en las que vive?
Si alguien puede negar esta posición, lo invito a inscribirse en la lista de fachos pelotudos conscientes (así no se vacunan al pedo)
Finalmente, la cuestión religiosa (ta-tan-ta-tan!) No hay mucho que aclarar, las religiones (o mejor dicho, sus monarcas absolutos de las más grandes), producto humano (y no divino) de antaño, proponen una dominación mundial-espiritual (y hay que dejar bien en claro que siempre suponen posturas políticas, quieran o no), aunque ello signifique la eliminación del infiel. Las religiones, lejos de lograr la tan propagandística "unión entre hermanos", establece una clara barrera entre el creyente y el infiel, quien entra y quien no al Reino de los Cielos, quien es amado por Dios y quen no: propone históricamente la hostilidad, la muerte y la intolerancia entre los hombres, adjudicándosela a la divinidad (porque así lo quiso, por el bien del pueblo) y por ello, absolviéndose de toda culpa y responsabilidad. Y esto es un empedernido ataque a la asquerosa Iglesia Católica, asesina de los más remotos tiempos (léase Cruzadas, Santa Inquisición, apoyo al nazismo en la Segunda Guerra Mundial, apoyo a la dictadura argentina en la llamada Revolución Libertadora, justificación de la sangrienta conquista de América en pos de la expansión del catolicismo, etc, etc); y en general a las más grandes religiones (judaísmo, islam, protestantismo, etc) que no se detienen en su carrera de continuar la lucha contra el peligro que representa el otro. Las religiones alienan al hombre, lo enceguecen y no le permiten llegar a la verdad (por no decir que lo vuelve un pelotudo a prueba de balas)
No quiero pasar por alto la discriminación contra quien tiene capacidades especiales. Lamento decirles, liberales, grandes luchadores de la igualdad (jaja!), que olvidar e ignorar son las peores formas de discriminar (sin tener en cuenta que son quienes menos posibilidades tienen de conseguir empleos, o mejores puestos dentro de los mismos, o simplemente poder vivir tranquilamente, con las necesidades que sus enfermedades demandan satisfechas) Ni qué hablar de las burlas y ese tipo de cuestiones que me dan demasiado asco.
Espero, entonces, que los resultados sean efectivos. dejemos de ser tan pelotudos y empecemos a ser seres un poquito más humanos (¡y eso implica PENSAR!)
Salud y mucha magia.
En este oportunidad vamos a exponer la primer vacuna del Plan, quizás la más sencilla (y menos dolorosa) En esta primera oportunidad buscaremos combatir una de los más asquerosas patologías sociales, sustentada en lo insustentable: la discriminación.
En primer lugar, vamos a decir que el simple término discriminar no implica más que diferenciar una cosa de otra, pero el problema se hace presente cuando esa diferenciación se contamina con cargas valorativas fundadas en prejuicios y preconceptos. A partir de allí, circula en el sentido común del porteño, católico y blanco la idea sobre el "peligro" del otro. El peligro que representa el "cabecita negra", el "campesino bruto", el"negro de mente, villero", el "bolita", el "paragua", el "puto", el "trava", etc, etc (sin menociar los prejuicios religiosos contra los judíos, evangelistas, etc; y contra los discapacitados); para la "comunidad homogénea" que somos.
Señores, NO HAY fundamento concreto alguno en estas afirmaciones. No hay fundamento en el resentimiento xenófobo sobre el inmigrante (obviamente de un país limítrofe, no hablamos de gente europea), quien supuestamente lleva en su interior (como si se tratase de una cuestión biológica) gérmenes del delito en su sangre. El simple hecho de que una persona se traslade (lamentablemente) a otro país en búsqueda de mejores condiciones de vida, no significa que sea malintencionado ni mucho menos (es que quizás nadie vea que ese es el mismo destino del argentino "sudaca" en Europa)
No hay fundamento en el resentimiento contra las clases más bajas, pues nadie entiende el origen social (y no divino) de la propiedad privada y de la brecha que ésta supone entre los seres humanos, víctimas de un sistema mundial concebido incuestionablemente perfecto y eterno, independientemente de las aptitudes de cada uno ¿Acaso alguien conoce el "color" de su mente: rojo, amarillo, azul... cuál? (obviemente negro no, eso es malo, malo!) ¡Imbéciles! ¿Cuál es el derecho (supuestamente, divino) que tiene una persona que gasta en estupideces superfluas, mientras a su costado un niño revuelve la basura para encontrar el desayuno de quién sabe cuántos días, para poner precio a las vidas y decidir deliberadamente quién merece vivir y quién no? ¿Acaso la bondad y la maldad de las personas está determinada por el lugar en donde nació o las condiciones socio-económicas en las que vive?
Si alguien puede negar esta posición, lo invito a inscribirse en la lista de fachos pelotudos conscientes (así no se vacunan al pedo)
Finalmente, la cuestión religiosa (ta-tan-ta-tan!) No hay mucho que aclarar, las religiones (o mejor dicho, sus monarcas absolutos de las más grandes), producto humano (y no divino) de antaño, proponen una dominación mundial-espiritual (y hay que dejar bien en claro que siempre suponen posturas políticas, quieran o no), aunque ello signifique la eliminación del infiel. Las religiones, lejos de lograr la tan propagandística "unión entre hermanos", establece una clara barrera entre el creyente y el infiel, quien entra y quien no al Reino de los Cielos, quien es amado por Dios y quen no: propone históricamente la hostilidad, la muerte y la intolerancia entre los hombres, adjudicándosela a la divinidad (porque así lo quiso, por el bien del pueblo) y por ello, absolviéndose de toda culpa y responsabilidad. Y esto es un empedernido ataque a la asquerosa Iglesia Católica, asesina de los más remotos tiempos (léase Cruzadas, Santa Inquisición, apoyo al nazismo en la Segunda Guerra Mundial, apoyo a la dictadura argentina en la llamada Revolución Libertadora, justificación de la sangrienta conquista de América en pos de la expansión del catolicismo, etc, etc); y en general a las más grandes religiones (judaísmo, islam, protestantismo, etc) que no se detienen en su carrera de continuar la lucha contra el peligro que representa el otro. Las religiones alienan al hombre, lo enceguecen y no le permiten llegar a la verdad (por no decir que lo vuelve un pelotudo a prueba de balas)
No quiero pasar por alto la discriminación contra quien tiene capacidades especiales. Lamento decirles, liberales, grandes luchadores de la igualdad (jaja!), que olvidar e ignorar son las peores formas de discriminar (sin tener en cuenta que son quienes menos posibilidades tienen de conseguir empleos, o mejores puestos dentro de los mismos, o simplemente poder vivir tranquilamente, con las necesidades que sus enfermedades demandan satisfechas) Ni qué hablar de las burlas y ese tipo de cuestiones que me dan demasiado asco.
Espero, entonces, que los resultados sean efectivos. dejemos de ser tan pelotudos y empecemos a ser seres un poquito más humanos (¡y eso implica PENSAR!)
Salud y mucha magia.
