jueves, 3 de abril de 2008

Vacuna Nº1: Antirracista Compuesta

Cómo os va, queridos (im)pacientes... aunque ni siquiera estén, ¿no?

En este oportunidad vamos a exponer la primer vacuna del Plan, quizás la más sencilla (y menos dolorosa) En esta primera oportunidad buscaremos combatir una de los más asquerosas patologías sociales, sustentada en lo insustentable: la discriminación.

En primer lugar, vamos a decir que el simple término discriminar no implica más que diferenciar una cosa de otra, pero el problema se hace presente cuando esa diferenciación se contamina con cargas valorativas fundadas en prejuicios y preconceptos. A partir de allí, circula en el sentido común del porteño, católico y blanco la idea sobre el "peligro" del otro. El peligro que representa el "cabecita negra", el "campesino bruto", el"negro de mente, villero", el "bolita", el "paragua", el "puto", el "trava", etc, etc (sin menociar los prejuicios religiosos contra los judíos, evangelistas, etc; y contra los discapacitados); para la "comunidad homogénea" que somos.

Señores, NO HAY fundamento concreto alguno en estas afirmaciones. No hay fundamento en el resentimiento xenófobo sobre el inmigrante (obviamente de un país limítrofe, no hablamos de gente europea), quien supuestamente lleva en su interior (como si se tratase de una cuestión biológica) gérmenes del delito en su sangre. El simple hecho de que una persona se traslade (lamentablemente) a otro país en búsqueda de mejores condiciones de vida, no significa que sea malintencionado ni mucho menos (es que quizás nadie vea que ese es el mismo destino del argentino "sudaca" en Europa)
No hay fundamento en el resentimiento contra las clases más bajas, pues nadie entiende el origen social (y no divino) de la propiedad privada y de la brecha que ésta supone entre los seres humanos, víctimas de un sistema mundial concebido incuestionablemente perfecto y eterno, independientemente de las aptitudes de cada uno ¿Acaso alguien conoce el "color" de su mente: rojo, amarillo, azul... cuál? (obviemente negro no, eso es malo, malo!) ¡Imbéciles! ¿Cuál es el derecho (supuestamente, divino) que tiene una persona que gasta en estupideces superfluas, mientras a su costado un niño revuelve la basura para encontrar el desayuno de quién sabe cuántos días, para poner precio a las vidas y decidir deliberadamente quién merece vivir y quién no? ¿Acaso la bondad y la maldad de las personas está determinada por el lugar en donde nació o las condiciones socio-económicas en las que vive?
Si alguien puede negar esta posición, lo invito a inscribirse en la lista de fachos pelotudos conscientes (así no se vacunan al pedo)

Finalmente, la cuestión religiosa (ta-tan-ta-tan!) No hay mucho que aclarar, las religiones (o mejor dicho, sus monarcas absolutos de las más grandes), producto humano (y no divino) de antaño, proponen una dominación mundial-espiritual (y hay que dejar bien en claro que siempre suponen posturas políticas, quieran o no), aunque ello signifique la eliminación del infiel. Las religiones, lejos de lograr la tan propagandística "unión entre hermanos", establece una clara barrera entre el creyente y el infiel, quien entra y quien no al Reino de los Cielos, quien es amado por Dios y quen no: propone históricamente la hostilidad, la muerte y la intolerancia entre los hombres, adjudicándosela a la divinidad (porque así lo quiso, por el bien del pueblo) y por ello, absolviéndose de toda culpa y responsabilidad. Y esto es un empedernido ataque a la asquerosa Iglesia Católica, asesina de los más remotos tiempos (léase Cruzadas, Santa Inquisición, apoyo al nazismo en la Segunda Guerra Mundial, apoyo a la dictadura argentina en la llamada Revolución Libertadora, justificación de la sangrienta conquista de América en pos de la expansión del catolicismo, etc, etc); y en general a las más grandes religiones (judaísmo, islam, protestantismo, etc) que no se detienen en su carrera de continuar la lucha contra el peligro que representa el otro. Las religiones alienan al hombre, lo enceguecen y no le permiten llegar a la verdad (por no decir que lo vuelve un pelotudo a prueba de balas)

No quiero pasar por alto la discriminación contra quien tiene capacidades especiales. Lamento decirles, liberales, grandes luchadores de la igualdad (jaja!), que olvidar e ignorar son las peores formas de discriminar (sin tener en cuenta que son quienes menos posibilidades tienen de conseguir empleos, o mejores puestos dentro de los mismos, o simplemente poder vivir tranquilamente, con las necesidades que sus enfermedades demandan satisfechas) Ni qué hablar de las burlas y ese tipo de cuestiones que me dan demasiado asco.

Espero, entonces, que los resultados sean efectivos. dejemos de ser tan pelotudos y empecemos a ser seres un poquito más humanos (¡y eso implica PENSAR!)

Salud y mucha magia.

miércoles, 2 de abril de 2008

"Andá al médico, él te va a decir lo que te pasa..."

Frente a la crisis política que se está ventilando en estos últmos días a través de los medios masivos de comunicación, me veo obligado a detener el proceso de vacunación para aportar mi hojita de soja transgénica a la mejor comprensión de los sucesos actuales.

En primer lugar, que quede bien en claro que lo que el sentido común de la gente denomina pueblo, no está presente en este conflicto. Ninguno de los grupos sociales populares (en el sentido estricto de la palabra) se encuentra en esta reyerta. Lo que se da es una lucha entre dos facciones de la burguesía argentina, que en un primer momento se estrechaban la mano (y digo esto porque el campo fue el mayor beneficiado por el dólar alto, los subsidios y demás políticas del Estado) y ahora, a raíz de una ofensiva del gobierno ("dentro de lo muuucho, puedo sacarte un poquitito, chuchi?"), se desarman para determinar quién lleva los pantalones del país (perdón por la alusión a la metáfora machista) Nadie pone en tela de juicio que el sector agropecuario nacional (y por favor, léase ante la duda cualquier manual de secundario) es históricamente el sector más poderoso, que constituye la oligarquía terrateninte. En este sentido, quiero a su vez aclarar que, lamentablemente, aquellos (no tan) pequeños productores que son bancados por las cacerolas de Barrio Norte, se alinean a la política de la nefasta Sociedad Rural (la misma que apoyó la dictadura militar del '76), y pretenden mantener sus ganancias millonarias sustentadas por un sistema económico ("progresista", jaja!) en plena podredumbre (cuando les meten un poco el dedito donde no corresponde...)

En segundo lugar, vamos a ver quiénes son los llamados pequeños productores. Los pequeños productores (como gusta llamarlos TN, Clarín y demás medios oficialistas), son productores que poseen la suficiente cantidad de hectáreas como para poder exportar la suficiente cantidad de soja transgénica traducida en bastantes miles de pesos. En este sentido, quiero aclarar (porque he oído lo que se dice por ahí) que son gente que se levanta a las 5 de la mañana a laburar y terminan a la noche al igual que cualquier trabajador argentino, con la pequeña diferencia de que no lo hacen por un salario paupérrimo. No quieran corrernos más con eso, en serio (vacuna!) Teniendo esto en cuenta, quiero diferenciar a los VERDADEROS trabajadores del campo, aquellos que dentro de este cabaret burgués son olvidados: los trabajadores golondrina, los peones de campo, los indígenas... que trabajan literalmente por un plato de sopa; los verdaders perjudicados del campo, a quienes ninguna entidad agraria protege.

Finalmente (para cerrar esta breve información subalterna), quiero hablar del gobierno K. Estoy harto, pero hasta los huevos (con perdón de la expresión) de "patria sí, colonia no", "el gobierno nacional y popular" y ese tipo de estupideces que encierra un claro mensaje subliminal: Somos el oficialismo y estamos dispuestos a hacer cualquier cosa para imponernos. No hace falta nombrar demasiados delitos para poner al descubierto lo repugnantemente asqueroso de la familia K: la militarización de Las Heras; la impunidad de los casos Fuentealba y López; la intervención en el hospital francés; el ataque a los trabajadores del Casino; D'Elía, Moyano y su mafia garpada; el ataque en las diversas facultades de la UBA... Y todos estos ejemplos con un mismo denominador común: PATOTAS, CLIENTELISMO, SOBERBIA.

Entonces, mi posición es: NO AL CAMPO, NO AL GOBIERNO.
(Favor de pensar un poquitito más antes de escribir estupideces, ¿si? Muchas gracias)

Salud y mucha magia, argentinos.